Quijadas apretadas.

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Vi tu pasado, lo tuve de frente, vi sus ojos, escuché su voz, olí su perfume, conocí su caminar y me dio miedo, sí, miedo de ese que te da cuando sabes que el pasado es más fuerte que uno mismo, cuando te das cuenta de que los brazos de los tuyos están más abierto para lo conocido sin dejar oportunidad para lo bueno por conocer.

También vi cómo te atabas a mi mano, cómo tus ojos se quedaban casi siempre conmigo, pero lejos de todos, de los tuyos que estaban en alguna parte, junto con tu pasado, y me dio miedo; de ese miedo que le da a uno cuando ves que hay personas más fuertes que uno mismo.

Los que son presentes y soñadores a futuro dirán con toda la soltura y ligereza del mundo que no pasa nada, que el presente está conmigo, que los abrazos son míos y que no pasa nada.

¿Qué saben ellos de cuantas inseguridades no me pagan renta de vivienda? ¿Qué se necesita para que los demás no suelten como plumas las palabras que pesan como hierro? ¿Qué saben ellos de todo lo que mi historia guarda en silencio?

Pensé buscarte la mirada, pero nada más lo pensé, no lo hice porque siempre me he sabido cobarde, de dolores en el pecho, de quijadas apretadas; me quedé con las ganas de tu certeza.

La encrucijada de tu pasado, con tu presente y nuestro futuro no depende de nosotros, no cuando son los tuyos lo que mantienen, a veces de manera irrompible, su presencia, cuando es tu primer cadena hacia arriba quien busca sin importar nada más que su presencia, cuando entre los tuyos, los míos y yo, hay formas y modos diferentes de dejar la vida pasar, si es que se deja que pase.

Entre tú, los tuyos y yo, soy yo la que no cuenta si no es a fuerza, no sé si sea por el peso de los años o porque hay eslabones que no siempre entran de buena gana, y así, aún cuando he librado mil batallas e irónicamente pensé que ya había terminado esa guerra, me doy cuenta que fallé, porque tu pasado y los tuyos pesan mucho y a mis inseguridades que no pagan renta, les dio por hacer fiesta.

Pelitos en mi playera.

 

Solía tener más dinero en la cartera, horas más libres y podía descansar todo el día si quería.

Mi casa estaba considerablemente más limpia, mis cama siempre arreglada y no había necesidad de pensar en nada si quería irme lejos de casa por unos días.

Tenía menos amigos, pero eran los suficientes en aquél entonces.

Mi vida era lo que creía que siempre había deseado.

Estaba felizmente casada, mi hogar me entregaba una sensación rica cuando llegaba y dejaba mis zapatos, mi ropa negra siempre era negra y mi ropa blanca siempre era blanca.

Pero un día me crucé con sus ojos, sus cabellos rubios y una sonrisa que no pude dejar de ver. Fue amor a primera vista. Y desde entonces, no puedo dejar pasar un día sin besar su nariz.

Rhomy llegó a casa sin saber que se quedaría para siempre, sin saber que sus besos, sus abrazos y su irremediable inquietud sería una fuente de carcajadas.

Mi piso está lleno de pelo rubio, por lo que se ve limpio a veces, pero basta caminar con calcetines negros para darse cuenta de que está lleno de amor.

No había agua tirada por la casa, agua que a veces no es agua, son babas, pero no importa.

Mina llegó dos meses después. Tan chiquita, tan llena de miedo y curiosidad, tan enferma como Rhomy cuando llegó a nuestra casa y así sin más, Pedazo y yo sentíamos que nuestro hogar estaba completo. Justo como lo queríamos. Ahora somos una familia de cuatro.

Yo, al que juré nunca querer hijos, la que renegaba por estar invirtiendo en ropa para niños, en medicinas, en médicos, invirtiendo tiempo en educación y la que no comprometía su libertad por nada ya le estaba comprando ropa a Mina, medicamentos que necesitaban “las niñas”, estaba sacando cuentas para poder comprar lo que ellas necesitaban para su educación, busqué escuelas, juguetes, comida especial y la preferida de mis niñas, salgo todos los días de paseo con ellas y siempre que ellas no pueden acompañarme o acompañarnos, buscamos el lugar más ideal para ellas donde las quieren, las cuidan y les dan el mejor trato.

Sí, no cambio por nada del mundo la idea de no querer tener hijos (humanos), pero también es cierto que ahora no hay día en el que no llegue buscando los besos de mis chiquillas, que me preocupo todos los días por ellas, que no cambio por nada esa sensación de amor cuando llego a casa, que no pesa ni un solo peso invertido en ellas, y si le compro mil vestidos y moños más a Mina y quinientos juguetes y carnazas más a Rhomy, no me importa, son mis perras, son mis niñas, mis chiquillas y yo soy su mamá.

Hoy por hoy, no cambio en nada mi familia. No podría vivir ya sin pelitos en mis playeras.

 

Que siempre tú y yo.

Que la música no pare

Que la tinta se corra

Que tú también te corras

Que el vestido se caiga.

Que metas tus ganas en mi boca

Que los sueños no se duerman

Que el café no se enfríe

Que me tomes de la mano

Y me abraces al dormir.

Que logres pisar el césped descalza

Que me pierda en tu mirada

Que me sonrías coqueta

Que me leas estas letras.

Que me quites la cobija

Que siga sintiendo tus pies fríos al dormir

Que te cuide la fiebre

Que me pidas té caliente.

Que las ganas no me falten

Que las letras me sobren

Que tus ojos se vayan a otro lado

Que nadie te coja como yo

Y no hablemos de hacer el amor.

Pero al final

que siempre

Siempre

Siempre

Seamos tú y yo.

 

No te metas con mis hijos.

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“No te metas con mis hijos” es el eslogan de una campaña en contra de la reforma que permite que parejas del mismo sexo puedan contraer matrimonio en México, entre otros derechos que como ser humano y mexicano se deben de tener.

En el mes de septiembre el Frente Nacional por la Familia está convocando a unas marchas que se realizarán en todo el país, en donde pretenden a base de engaños fomentar el odio hacia la comunidad LGBTTI y quiero referirme a ellos y a todas las personas que piensan o tienen el interés de participar en esas marchas.

Se les sigue olvidando que por lo que ustedes están luchando está basado en creencias religiosas, morales y además equívocas, estás luchando porque a un grupo de seres tan humanos como tú se les violenten sus derechos humanos y CIVILES y lamento mucho informarte que no hay nada que puedas hacer al respecto, porque tus creencias no se basan en la constitucionalidad de los derechos de cualquier mexicano, es más, de ningún ser humano alrededor del mundo.

Pides respeto para tus hijos, para tu concepto de familia, pides límites para el desarrollo de la personalidad de un tercero que ti –y seamos muy honestos en eso- no te afecta en absolutamente nada, pero yo me pregunto ¿no estás haciendo tú exactamente lo mismo que quieres evitar en otras personas? ¿No te estás metiendo con SUS hijos? ¿No te estás metiendo con SUS familias? ¿te sientes tan amenazado por personas que piensan, sienten y tienen conceptos diferentes a los tuyos?¿no estás cruzando tú esos límites?

Quiero ser muy clara en algo, respeto completamente el hecho de que quieras marchar y defender tus ideas, pero marcha por ideas que no trasgredan los derechos de otros, sino para la inclusión de derechos para todos, marcha para defender tus valores, pero por los valores que fomenten valores a otros, ejemplos positivos a tus hijos, que sea en beneficio de todos.

Eres heterosexual, ok, yo soy homosexual ¿y qué crees? Mi mamá también es heterosexual y me ama con profundidad, mi papá también es heterosexual y también me ama con profundidad, mi hermana mayor es heterosexual y me apoya y me respalda al 100%, mi hermana menor también es homosexual y es una mujer feliz y también me aman con profundidad, como yo a ellos… de dos heterosexuales nacieron dos homosexuales y una heterosexual… ¿qué interesante, no? ¿Qué no deberíamos ser todas heterosexuales? ¿Qué no mis padres debieron ser homosexuales para que yo fuera homosexual como tú crees? Los números no me dan ¿y a ti?

Todos aquellos que me conocen saben de antemano que yo no planeo en mi vida futura tener hijos, pero mi concepto de familia incluye a mi esposa y a mí y a mi perra, tengo amigos que son también parte de mi familia, tengo madre (aunque algunos lo duden) y tengo padre, tengo hermanos y hermanas, algunos de mi sangre y otros que nos vale madre la sangre, siguen siendo mis hermanos. Conozco familias iguales a la mía, iguales a la tuya, familias diferentes a la mía y diferentes a la tuya; conozco familias en las que maltratan a sus hijos, conozco familias en las que se lastiman entre los padres, conozco hijos que fueron abandonados por sus padres simplemente porque no los quisieron, conozco más tipos de familia de los que te puedas imaginar, no me los imaginé, te juro que existen.

Me dices “no te metas con mis hijos” va, me parece perfecto lo que pides, si yo tuviera hijos haría exactamente lo mismo que tú, los protegería de todo peligro, los amaría con todo mi corazón, les proporcionaría todo lo que ellos necesitaran, los educaría con valor y respeto hacia los demás, con calidad humana, fomentando respeto por la tierra, por los animales, por las diferencias humanas, de pensamiento, de sentimiento y de fe, los educaría para ofrecer una mano a un necesitado, para que amen y cuiden a sus amigos, para que respeten a su pareja, para que fomenten los mismo valores de amor que yo les fomentaría a ellos, trabajaría duro para darles la mejor educativa y lucharía junto con ellos para apoyarlos convertirse en seres exitosos, amorosos pero sobre todo respetuosos, que sepan identificar dónde está realmente el peligro y que no les tiemble la mano para retirar de su vida a personas que busquen hacerles daño o a los seres que aman, así es como yo educaría a mis hijos, de la misma manera que creo quieres hacerlo tú.

No te metas con mis hijos, ok, no me meto con tus hijos porque no son mis hijos son tuyos, pero te pido que tampoco te metas con mi familia, ni con mis hijos, o los hijos de mis amigos, de mi familia, la familia de mi familia.

Me dices “no te metas con mis hijos”… yo te exijo “NO TE METAS CON MI FAMILIA.”

Grissel Herrera.

 

Pasaste tú.

Estoy sentada frente a esta computadora observando los minutos pasar porque tengo la certeza que esta noche no será necesario desear que la cama huela a ti.

Estoy sentada frente a esta computadora con mis audífonos puestos escuchando música a todo volumen porque mi corazón me dice que hoy no es necesario sentir añoranza.

Estoy aquí, esperándote y reconociendo que eres piedra en el camino, destiempo, esperanza, fe y decisión.

Te reconozco como consecuencia, así te conocí y así te envolví y te abrazo, y me reconozco contigo sabiendo que a veces haces falta para llenar espacios.

Te escribo aquí con las ideas desordenadas, porque desde que tú, el orden es un lujo que a veces no quiero tener, pero la necesidad de hacerte tangible es más que la necesidad de un camino detallado y prediseñado.

El pecho ya no aprieta, las manos ya no pesan, la casa parece que baila y el silencio ya no es tan ensordecedor; el café se sabe compartido y me inunda un remolino de ideas sin detallar.

Pero el mundo ya no pesa, el tiempo ya camina a su paso, la cama ya no alberga ecos y las ganas no se gastan con caricias llamarada.

Llegó el día que tanto anhelaba y ayer no supe qué hacer con él, así que me senté, me serví una esperanza y dejé que las cosas pasaran, hasta que pasaste tú y lo demás no importó nada.

Ahora fueron 50.

En esta ocasión fueron 50 personas en Orlando, pero en otras ocasiones han sido 20, 15, 5 o solo uno, algunos son gays, otros han sido políticos, personas que han estado en el momento equivocado, en el lugar equivocado a la hora equivocada, hijos, hermanos, padres, madres, primos, esposos, esposas, novios, novias, veganos, carnívoros, basquetbolistas, surfistas, turistas, cocineros, médicos, ingenieros, empresarios, artistas, etc.

Todos los días muere alguien a balas o manos de otro.

Y los llaman “crímenes de odio”.

Yo no he sabido de un crimen que no sea de odio, nunca he escuchado o leído que lo mató con amor… siempre hay odio, a un algo, a un alguien, a un qué, a un porqué.

Pero resulta que ahora fueron 50 y fueron homosexuales. Como han sido en Veracruz, en Nayarit, en la CDMX, en San Francisco, en Los Angeles, en Paris, en Colombia, en Perú, en Alemania, en Japón, en todo el mundo.

Todos los días muere alguien solo por el hecho de amar diferente, solo por el hecho de tener el valor de ser fiel a sí mismo, solo por el hecho de no querer encajar en estándares sociales, políticos, religiosos, familiares o morales.

Yo soy gay, lesbiana, homosexual, perteneciente a la comunidad LGBTTTI, o como gustes etiquetarme, yo solo sé que soy una persona que ama profundamente a su esposa, que ama caminar de su mano y también sale a tomarse una copa, que le gusta ir al mar, a restaurantes a cenar, a disfrutar una película al cine y comer palomitas de manera tonta y romántica. Solo soy una persona más en este mundo, un habitante más, tan distinto de ti que lees, como de aquél que no lee esta nota.

Soy una mujer a la que todavía la ven con cara de desprecio cuando camino de la mano de mi esposa, a la que alguna vez también le dijeron que qué valiente era por levantar la voz para defenderse y mantenerse, solo soy una mujer a la que no le gusta pasar los límites del derecho del otro y quien no permite que le sean transgredidos sus derechos.

Solo soy una mujer a la que a veces todavía tengo que irme a tomar una copa a lugares “adecuados” para homosexuales porque no se le “permite” hacerlo en otros lugares, soy una mujer a la que le ha costado horas de estudio tener un título universitario y a la que le sigue costando horas de estudio tener una maestría, horas de trabajo y estudio intentar hacer cada día mejor mi trabajo, soy esposa, hija, hermana, sobrina, tía, amiga, soy solo una más en este mundo porque yo sí me quité la etiqueta que todavía me ponen y lucho por mis derechos desde mi trinchera, empezando por no pisotear los derechos del otro.

Hoy fueron 50 que no regresarán a su casa, con sus parejas, sus madres, sus hermanos, sus amigos, a sus trabajos o que no verán un amanecer de nuevo después de haberse ido a tomar una copa.

Ahora son 50 que murieron a balas de otros por ¿Política? ¿Religión? ¿Desacuerdo con su estilo de vida? ¿Realmente importa el por qué?

A mí no me importa el por qué, a mí me importa que cada día me canso más de vivir en un mundo con miedo, con carencias, con algunos beneficiados, donde matan animales en peligro de extinción o por deporte, arte o hartazgo, donde veo a idiotas como Donald Trump.

Yo lucho desde mi trinchera, intento ser mejor persona todos los días, amo a mi familia y a mis amigos y aún así, me tengo que cuidar todos los días.

Celos

“No seas celosa” y otras formas de imposibles.

¿Cómo se atreven a pedirme que no le tenga celos a todo aquello que te toca y te mira si no viene de mí?

Soy yo la que vive cada uno de sus días derribando muros para alcanzar imposibles cuando se trata de ti, de la distancia, de la circunstancias, de los pasados que fueron posibles y de los corazones rotos.

Allá estás tú, caminando a lugares que conozco de tu voz, sintiendo caricias de los brazos del sol, de unos brazos que no son los míos.

Y me pregunto todas las mañanas, mientras derrumbo el primer imposible al despertar y bebo mi café ¿qué somos? Si me preguntan, evitamos las palabras para no definirnos. Si me preguntaran qué o quién eres solo podría contestar con un silencio emocionado.

Ya le dije al viento que quiero que seas feliz, que no quiero que te vayas y que no, nunca me fui; se lo dije al viento porque no tuve el valor de decírtelo a ti.

Tengo un montón de palabras no dichas, de besos no nacidos y de libros sin leer.

Y aquí estoy yo, celosa de todo lo que te ve existir que no soy yo, esperando la noche en la que se rompa el último imposible y decidas regresar y enfrentar de mi mano todos los mares que se nos dejarán venir.

Estoy celosa de las letras que tocas, del teléfono que nos separa, de la cama que te arropa y del café que respiras; de la música que escuchas, de los latidos de tu corazón, del agua de tu regadera, de todo lo que no soy y quisiera ser.

Pero no me queda otra que sentarme a vivir un imposible más, el único que no puedo derribar… que quieras venir a que deje de ser una celosa.