Pasaste tú.

Estoy sentada frente a esta computadora observando los minutos pasar porque tengo la certeza que esta noche no será necesario desear que la cama huela a ti.

Estoy sentada frente a esta computadora con mis audífonos puestos escuchando música a todo volumen porque mi corazón me dice que hoy no es necesario sentir añoranza.

Estoy aquí, esperándote y reconociendo que eres piedra en el camino, destiempo, esperanza, fe y decisión.

Te reconozco como consecuencia, así te conocí y así te envolví y te abrazo, y me reconozco contigo sabiendo que a veces haces falta para llenar espacios.

Te escribo aquí con las ideas desordenadas, porque desde que tú, el orden es un lujo que a veces no quiero tener, pero la necesidad de hacerte tangible es más que la necesidad de un camino detallado y prediseñado.

El pecho ya no aprieta, las manos ya no pesan, la casa parece que baila y el silencio ya no es tan ensordecedor; el café se sabe compartido y me inunda un remolino de ideas sin detallar.

Pero el mundo ya no pesa, el tiempo ya camina a su paso, la cama ya no alberga ecos y las ganas no se gastan con caricias llamarada.

Llegó el día que tanto anhelaba y ayer no supe qué hacer con él, así que me senté, me serví una esperanza y dejé que las cosas pasaran, hasta que pasaste tú y lo demás no importó nada.

Ahora fueron 50.

En esta ocasión fueron 50 personas en Orlando, pero en otras ocasiones han sido 20, 15, 5 o solo uno, algunos son gays, otros han sido políticos, personas que han estado en el momento equivocado, en el lugar equivocado a la hora equivocada, hijos, hermanos, padres, madres, primos, esposos, esposas, novios, novias, veganos, carnívoros, basquetbolistas, surfistas, turistas, cocineros, médicos, ingenieros, empresarios, artistas, etc.

Todos los días muere alguien a balas o manos de otro.

Y los llaman “crímenes de odio”.

Yo no he sabido de un crimen que no sea de odio, nunca he escuchado o leído que lo mató con amor… siempre hay odio, a un algo, a un alguien, a un qué, a un porqué.

Pero resulta que ahora fueron 50 y fueron homosexuales. Como han sido en Veracruz, en Nayarit, en la CDMX, en San Francisco, en Los Angeles, en Paris, en Colombia, en Perú, en Alemania, en Japón, en todo el mundo.

Todos los días muere alguien solo por el hecho de amar diferente, solo por el hecho de tener el valor de ser fiel a sí mismo, solo por el hecho de no querer encajar en estándares sociales, políticos, religiosos, familiares o morales.

Yo soy gay, lesbiana, homosexual, perteneciente a la comunidad LGBTTTI, o como gustes etiquetarme, yo solo sé que soy una persona que ama profundamente a su esposa, que ama caminar de su mano y también sale a tomarse una copa, que le gusta ir al mar, a restaurantes a cenar, a disfrutar una película al cine y comer palomitas de manera tonta y romántica. Solo soy una persona más en este mundo, un habitante más, tan distinto de ti que lees, como de aquél que no lee esta nota.

Soy una mujer a la que todavía la ven con cara de desprecio cuando camino de la mano de mi esposa, a la que alguna vez también le dijeron que qué valiente era por levantar la voz para defenderse y mantenerse, solo soy una mujer a la que no le gusta pasar los límites del derecho del otro y quien no permite que le sean transgredidos sus derechos.

Solo soy una mujer a la que a veces todavía tengo que irme a tomar una copa a lugares “adecuados” para homosexuales porque no se le “permite” hacerlo en otros lugares, soy una mujer a la que le ha costado horas de estudio tener un título universitario y a la que le sigue costando horas de estudio tener una maestría, horas de trabajo y estudio intentar hacer cada día mejor mi trabajo, soy esposa, hija, hermana, sobrina, tía, amiga, soy solo una más en este mundo porque yo sí me quité la etiqueta que todavía me ponen y lucho por mis derechos desde mi trinchera, empezando por no pisotear los derechos del otro.

Hoy fueron 50 que no regresarán a su casa, con sus parejas, sus madres, sus hermanos, sus amigos, a sus trabajos o que no verán un amanecer de nuevo después de haberse ido a tomar una copa.

Ahora son 50 que murieron a balas de otros por ¿Política? ¿Religión? ¿Desacuerdo con su estilo de vida? ¿Realmente importa el por qué?

A mí no me importa el por qué, a mí me importa que cada día me canso más de vivir en un mundo con miedo, con carencias, con algunos beneficiados, donde matan animales en peligro de extinción o por deporte, arte o hartazgo, donde veo a idiotas como Donald Trump.

Yo lucho desde mi trinchera, intento ser mejor persona todos los días, amo a mi familia y a mis amigos y aún así, me tengo que cuidar todos los días.

Celos

“No seas celosa” y otras formas de imposibles.

¿Cómo se atreven a pedirme que no le tenga celos a todo aquello que te toca y te mira si no viene de mí?

Soy yo la que vive cada uno de sus días derribando muros para alcanzar imposibles cuando se trata de ti, de la distancia, de la circunstancias, de los pasados que fueron posibles y de los corazones rotos.

Allá estás tú, caminando a lugares que conozco de tu voz, sintiendo caricias de los brazos del sol, de unos brazos que no son los míos.

Y me pregunto todas las mañanas, mientras derrumbo el primer imposible al despertar y bebo mi café ¿qué somos? Si me preguntan, evitamos las palabras para no definirnos. Si me preguntaran qué o quién eres solo podría contestar con un silencio emocionado.

Ya le dije al viento que quiero que seas feliz, que no quiero que te vayas y que no, nunca me fui; se lo dije al viento porque no tuve el valor de decírtelo a ti.

Tengo un montón de palabras no dichas, de besos no nacidos y de libros sin leer.

Y aquí estoy yo, celosa de todo lo que te ve existir que no soy yo, esperando la noche en la que se rompa el último imposible y decidas regresar y enfrentar de mi mano todos los mares que se nos dejarán venir.

Estoy celosa de las letras que tocas, del teléfono que nos separa, de la cama que te arropa y del café que respiras; de la música que escuchas, de los latidos de tu corazón, del agua de tu regadera, de todo lo que no soy y quisiera ser.

Pero no me queda otra que sentarme a vivir un imposible más, el único que no puedo derribar… que quieras venir a que deje de ser una celosa.

Anoche llegaste de sorpresa a casa con un gran ramo de flores con motivo de mi cumpleaños, el día había sido terrible como todos mis cumpleaños, la diferencia ahora estuvo en que anoche, cuando llegaste, me recosté en tu pecho.

Escuché tu corazón latir, tus labios en mi frente y tus manos acariciando mi cabello. Me lo solté para ti y sé que lo sabes.

Hace unos momentos recibí el mensaje de que habías llegado a casa, te llamé para preguntar si todo bien y me preguntaste qué quería de comer.

¿Qué quiero comer? Qué importa la comida, quiero volver a recostarme en tu pecho y escuchar tu corazón, quiero escuchar tus pasos por nuestra casa mientras estudio un rato, que me lleves el café a la mesa porque tengo ya algún tiempo leyendo; llorar contigo viendo una película, dormir mientras te abrazo y darte un beso por las mañanas.

Quizá sea tonto, pero he descubierto que no hay sonido más hermoso que el de tus llaves, que la cotidianidad nunca había sido tan esperada y descubrí también que puedo mover mi alma de lugar para colgarla de un hilo cuando te vas.

No sé qué pasará mañana, solo sé que estarás y eso hace que le pierda un poco de interés a los acontecimientos de la vida, vaya, qué importa qué me tenga la vida para vivir porque sé que será contigo y no importa nada más.

Ya no duele la espalda ¿te lo dije? Hoy me preguntaron a qué creo que se debe, y yo respondí que creía que era porque ahora ya estás en mi vida para ayudar a cargarla, ya no siento tanta pesadez, o simplemente no tengo más interés de seguir cargando a cuestas esa parte de mí que duele tanto y te hice parte aguas; te hice partetiempos y esa no fue una decisión al azar.

Mi intención con estas letras no es que sepas cuánto te amo, eso ya lo sabes tú y lo sabe el viento, que los demás se encarguen si quieren escuchar, tampoco sé si esta es una carta, la primera o la segunda, o si habrá alguna más, solo quería que supieras cuánto anhelo llegar a casa.

 

Intrusa.

Me dijeron que después de un gran amor no se puede volver a amar de la misma manera y tenían razón.

He amado muchísimo, pero a ti te he amado con los ojos abiertos, el corazón descorazado y las piernas a disposición.

He aprendido a amarte con cautela, sí, porque hay que cuidar el presente para asegurar un futuro más o menos mejor que el futuro que ya dejé en el pasado.

Resultó que la tolerancia se incrementó el día que dejaste la pasta dental apretada por en medio, porque son más mis ganas de quedarme contigo que de mantener la estética de un tubo.

Que puedo ser irremediablemente insoportable porque hemos encontrado millones de cosas en las que no congeniamos, pero han sido millones de cosas más las que me hicieron querer quedarme contigo pensando en un parasiempre.

No me importó dejarme caer contigo y por ti, aunque tampoco me dejaste mucha opción… llegaste, te me metiste en el pecho y cerraste hasta las ventanas para no poder salir.

Intrusa tú y tu sonrisa, que llegas e invades mis pensamientos, acrecientas la soledad de la cama en tus noches de ausencia, que lograste que la comida siempre fuera para dos, que hiciste que perdiera en el interés del café para uno cuando se toma en casa.

Intrusa tú y inefable presencia que no me permite viajar sola, que dejas las almohadas con aroma y haces que los árboles hablen de ti, que ya no percibo igual el olor de los eucaliptos porque ahora me recuerdan a ti.

Intrusa tú y tu cabeza recostada en mi pecho que lograron que me decidiera por un sí definitivo que juré nunca daría, intrusa tú que me haces mover la vida de su curso para poder llegar a tiempo a tu visita.

Intrusa tú y tu amor que me hacen todos los días una nueva vida.

Lentes negros

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Me sueño sentada en la mesa de alguna cafetería, con una blusa a rayas azules, jeans, el cabello suelto y lentes oscuros.

Me sueño con un libro en la mano por la mañana pidiendo un café y esperando que sea el momento adecuado de revisar papeles que tengan que ver con la construcción de nuestra casa.

Veo en mi mente cómo pasan las horas mientras espero tu llegada a casa y yo abro una copa de vino.

Buscando el lugar adecuado para nuestra segunda casa en un bosque frío y lleno de árboles.

Declaro que no soy la mejor con las promesas, pero ojalá pagaran por soñar porque seríamos millonarias.

La vida contigo es un sueño que se vive todos los días y se vive de manera diferente, pero por lo menos puedo decir que ya tengo la blusa a rayas y el vino que tanto nos gusta.

También me hice ya de los planes futuros por cumplir, esos que son impostergables y pensado qué hacer cuando nos ganemos la lotería.

No sé si tenga el tiempo o quizá el dinero, pero te cuento que también tengo los votos matrimoniales y la esperanza… de esa esperanza que dicen que muere al último.

¿Ves qué bien se me da eso de soñar?

Te cuento he escuchado la misma canción cientos de veces, nada tiene que ver contigo sin embargo me recuerda a ti.

Tengo toda una vida soñada a tu lado y mira que apenas es martes.

Seremos dos y seremos más que suficientes, porque el mundo nos queda pequeño y la casa a veces nos queda grande y no necesitamos de nadie más.

A veces siento que los sueños se comienzan a realizar con pequeñas acciones y como ya te dije, ya tengo la blusa y el vino, mañana voy por el café y los lentes negros.

Joaquincito.

Llegué el día 7 de agosto a la casa donde quería ser adoptado, pero la vecina de quien quería que fuera mi familia me corrió de la puerta de mi futura casa, sí, la misma vecina que hoy me dice Joaquincito.

Pero no perdí esperanza, me estuve sentado en la banqueta de enfrente de mi casa (sí, desde ese momento ya era mi casa aunque mi familia todavía no lo sabía) todo el tiempo que fue necesario hasta que vi llegar a mis mamás. Ellas no se percataron de mi presencia hasta que salieron a cenar y fue ahí cuando mi mamá Griss me vió.

Ella se acercó a verme y yo me presenté y desde ese momento le mostré que la estaba esperando poniendo mi cabeza en su pecho; fue la única manera que se me ocurrió para demostrarle que la estaba esperando y que ya la quería.

Mi mamá Agueda se acercó también y a ella también le demostré cuánto la quería y cuánto quería ya llegar a nuestra casa pues tenía sed y hambre, no había comido ni bebido en todo el día y nadie me había regalado siquiera un poco de agua.

¡Qué afortunado fui cuando mis mamás me dieron agua y comida!

Pero más afortunado fui cuando mi mamá Agueda no dejó que me fuera de su lado y me quedara a dormir en casa, porque yo realmente me quería quedar ahí, por eso me mantuve limpio y tranquilo, para verme guapo cuando mi familia llegara.

Yo sé que mi familia me estaba esperando y aunque me vieron de manera extraña por estar limpio no se asustaron cuando vieron mi tamaño.

Yo las escuché hablar de razas y tamaños, tiempos y no sé cuanta cosa más, que si un labrador, que si un pastor, que si no se qué… Yo no sé que son las razas, yo solo sé que soy un perro y que tuve que ir a buscar a mi familia hasta que la encontré.

Tampoco sabían cómo llamarse, yo tampoco sé cómo me llamaba, pero por ser tan delgado y por el gusto de la música de mi mamá Griss, me llamaron Joaquín y me gustó mi nombre y pues ahora me llamo Joaquín Herrera Fregoso y soy un perro feliz.

Tengo una semana ya en casa (¿Ya les dije que soy feliz?), y sé que mis mamás son felices también pues yo he sido un buen perro, las espero para comer y pido permiso para salir de casa pues no quiero ensuciar, me gusta jugar con ellas y salir a caminar a su lado, duermo tranquilo y no hago ruido. Cuido mi casa y cuido a mi familiar, porque yo quise que ellas fueran MI familiar.

Así que… ¡Bienvenidas a mi vida, Familia!
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